Entre sombras, placares y espejos en la noche, el filme de Germán Sancho plantea una disyuntiva frente a los umbrales del sueño ¿Realidad que se desdobla o macabra alucinación?
Ante una obra con la precisión y la sorpresa que el cortometraje de Germán Sancho inspira, cada uno de nosotros, tal vez más cercanos a la necesidad de atizar la lógica que a escuchar las fanfarrias de la emoción, reclamemos entender por sobre dejarnos flotar, impidiéndonos fluir en la embriaguez simbólica de este relato sobrenatural.
Sin embargo, vale la pena intentarlo, porque el producto final, créanme que es muy bueno. De inicio aparentemente predecible, el derrotero de ocho minutos nos lleva precipitadamente hacia un punto de giro inimaginable y aterrador. Tal vez predomine la alteración del tiempo producto de una sombría incidencia prodigiosa; o el delirio sea protagonista en una realidad que desgrana su revelación infausta, pero como fuere (y eso quedará a criterio de cada uno, tamizado por sus imprecaciones y fantasmas personales), Miedos, es un filme por demás original, tanto, que lo único genérico del mundo del terror que presenta, es el título. Ambiguo como directo, éste, nos llama a plantearnos discusiones existenciales que reclaman respuestas, tanto, de la psicología clásica como de la teúrgia inesperada (por mas que no abrevemos ni a una, ni a otra).
Debo decirles a los espectadores que, si además son ávidos consumidores de literatura hispanoamericana, no podrán no encontrar certeras asociaciones en este trabajo fílmico (tal vez no referencias, porque la inspiración quizás sea aséptica al respecto) con el clásico de Julio Cortázar “La Noche Boca Arriba”. El animus, el espíritu que converge, es muy similar.
Sancho parece jugar con la posibilidad de una segunda perspectiva; la de un público que solo se identifique (que además reviva y se estremezca) con los terrores de la niñez, emociones primarias e inagotables que parecieran irse esfumando en el tiempo, no lográndolo jamás. Tal vez porque el horror se trocó en otras cosas, o quizás, porque el tiempo solo fue una ilusión, y nunca dejamos de ser aquellos niños que, frente a lo desconocido se revelan (y revelan) verdades inimaginables, que velan de espanto los espejos...
Producido por Raúl Cerezo (Avezado mecenas de estos pertinentes rincones progresivos de pavura), Helión Grande, Santiago Secades, Aitor de Miguel y el propio director; el producto final ha logrado, sin dudas, el objetivo propuesto.
Reflexivo, sorpresivo y mordaz, Miedos, impacta positivamente y como pocos, entre los cortometrajes del género que he visto en los últimos años.
Fernando Quiroga
Argentina, octubre de 2020
Entre sombras, placares y espejos en la noche, el cortometraje de Germán Sancho plantea una disyuntiva frente a los umbrales del sueño ¿Realidad que se desdobla o macabra alucinación? ¿Será el ensayo de un proyecto artístico más ambicioso?
Fernando Quiroga